El 21 de junio se celebra el Día Mundial del Selfie o Día Internacional del Selfie, parece que depende de a quién preguntes. Por cierto que si a quien preguntas es a la RAE te dirá que en español se dice selfi y no selfie.
Con los móviles se popularizó esta manera de llevarse un recuerdo del lugar en el que estás, con la gente con la que estás, sin tener que montar una cámara en un trípode (en el mejor de los casos…), darle al autodisparador y salir corriendo a posar antes de que hiciera “clic”. Lo cual tenía su gracia, pero sin duda es mucho más cómodo levantar el móvil, encuadrar y disparar. Y con la comodidad llega el exceso. Todos tenemos un móvil, todos viajamos, todos queremos un recuerdo (o muchos) de nosotros allí.

Esto que es un acto más o menos banal y divertido, se puede convertir en una cola de gente esperando su turno para llevarse su selfie de algún lugar icónico. Al final, a fuerza de verte rodeado de selfies, además de los míos (los nuestros) propios, no puedo evitar fijarme en los de los demás.
Esto que es un acto más o menos banal y divertido, se puede convertir en una cola de gente esperando su turno para llevarse su selfie de algún lugar icónico.
De alguna manera es fascinante esa especie de burbuja que hacemos entre la multitud, para intentar sacarnos solo a nosotros y el lugar, monumento, etc.., casi como una prueba de vida, tratando de ignorar a toooodo el resto de gente que nos rodea, y que probablemente esta haciendo lo mismo que nosotros o esperando a que terminemos de una maldita vez y nos vayamos para hacer justo ese mismito selfie desde exactamente el mismo sitio.












